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Gatita
Gigi
Gigi camina a su propio ritmo. Elegante, curiosa y libre, elige los rincones donde una mujer puede escucharse sin ruido.

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LA HISTORIA DE GIGI
En una ciudad como Barcelona ha día de hoy, no te queda mas remedio que compartir piso si quieres ahorrar algo y vivir decentemente, siempre que tengas un buen trabajo que te proporcione un buen sueldo, si no , ni aun así llagas a fin de mes.
En esa época mi perrita Musa todavía estaba conmigo, y un perrito que se llamaba Nelson que era de otro compañero de piso.
Nuestro compi Italiano propuso la idea de que le gustaría tener un gatito, la verdad que no nos pudimos negar, un gatito en casa seria genial.
Todos estábamos esperando impacientes la llegada del nuevo compi de piso, un gatito adorable que captaría todo nuestra atención durante los primeros días.
Era preciosa, una gatita esmoquin muy pequeñita, bueno, no sabíamos si era gato o gata ya que era muy pequeña todavía y no se podía apreciar el sexo. De hecho pensamos que era un GATO, así que mi compañero de piso le puso Gio, pasaban lo días y el gatito se colaba en mi habitación con Musa y conmigo, mi compañero de piso o estaba trabajando o estaba durmiendo, ya que trabajaba de Barman y estaba toda la noche trabajando. Así que el gatito pasaba con nosotras la mayor parte del día, y durante la noche dormía con nosotras. Paso un mes y nos dimos cuenta que Gio se transformo en Gia. Una gatita curiosa, traviesa y elegante que solo quería estar con nosotras.
Un día le propuse a mi compi de piso que le compráramos un rascador gigante para Gia, bueno Gigi, le cambie el nombre. Me recordaba a una chica del gym donde estuve trabajando que se llamaba Gia y era una Domina, sí, una de esas mujeres que los hombres pagan para que les dominen, les azoten y les practiquen la lluvia dorada. Me venia la imagen de Gigi vestida de cuero con un látigo en la garra azotando a mis compis de piso, me resultaba gracioso y divertido pero poco apropiado para una gatita tan elegante y sofisticada.
Fue ese día cuando mi compi me dijo. - Gina la gata no es mía, ¿te la quieres quedar?
Como le iba a decir que no, le había cogido cariño, y en el fondo ya había decidido que Gigi se iba a quedar conmigo. De hecho estaba esperando esa propuesta.
Cuando Musa murió, mi chica estuvo allí, observándome, subida en mi pecho, a mi lado, recibiéndome cada vez que volvía a casa, y acompañándome al baño, subida encima de la encimera del lavabo, en mis largas duchas llorando la perdido de mi niña. Fue la única que estuvo conmigo ese largo año de duelo, ya que la mayor parte del tiempo estaba sola, bueno, con ella, mi chica.








